Nuestro amigo el frío

Nuestro amigo el frío

Hoy me apetece hablar de un tema muy interesante y al que quizá se resta mucha más importancia de la que debería. Mira, ven, pasa, que te lo presento, se llama Frío, pero… Vosotros ya os conocíais de antes, ¿no? Va, ¿a que no te lo esperabas encontrar por aquí? Pues es muy majo, la verdad…

Te voy a contar una historia muy interesante que he leído por ahí, y mira tú por dónde, nuestro amigo Frío aparece también en ella:

Corría el verano de 1805 cuando Frederic Tudor, seguramente recordando una fría mañana de Nueva Inglaterra (sí, de aquí es de donde salieron las NEIPAs, pero ya hablaré de ellas más adelante), pensó: «¿Y si todo este hielo que tenemos aquí lo vendiéramos en el Caribe? Desde luego sería una solución para aquellos que pretendan conservar y enfríar las bebidas en estos países tan cálidos.»

Fue una gran inversión la requerida, mucho esfuerzo, y prácticamente dos décadas lo que se tardó en llevar a cabo aquella descabellada idea. Pero una cosa estaba clara, The Tudor Ice Company, y otras empresas como la suya habían logrado convencer al mundo que el agua congelada era una necesidad.

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Inicios de la industria del hielo en Estados Unidos

Sin embargo, ya había sido mucho antes cuando los maestros cerveceros del mundo habían entendido la importancia del control de la temperatura en sus elaboraciones. La cerveza es un producto muy delicado, y por eso tiende a ganar cuanto más cerca de la fábrica se consuma. Y volviendo a nuestro amigo el frío, quién no ha escuchado nunca aquello de «tráeme una cerveza, pero muy fría, por favor». Bueno, la temperatura de consumo varía mucho según el estilo, como ya he dicho otras veces, pero no creo que vaya a escuchar nunca «tráeme una cerveza caliente, y cuando digo caliente es caliente, no del tiempo». Pero está claro que la relación frío y cerveza sigue siendo muy estrecha actualmente.

Desgraciadamente, no todas las buenas cervezas del mundo se encuentran cerca de nuestros lugares de residencia, y menos hoy, cuando los beer geeks pretendemos beber productos de Estados Unidos, Inglaterra o del Norte de Europa, por ejemplo, y queremos que estén lo más frescos posible. Así, la única posibilidad que les queda a los fabricantes si quieren que sus elaboraciones lleguen en buen estado lejos de su lugar de producción, es trabajar en la conservación. Y una solución muy adecuada y adaptada es optar por el transporte en frío, igual que señaló Tudor en su día.

Pero, ¿cómo está el tema ahora mismo en nuestro país? Yo diría que progresando, poco a poco, pero progresando. Quiero suponer por los datos que me han llegado, que la mayoría de transportes hasta aquí (aunque sé que hay algunos que no) de cervezas importadas son refrigerados. Y que, a su vez, los almacenes de estos importadores también tienen cámaras refrigeradoras, pero ¿qué pasa después? Sí, muchos distribuidores tienen también almacenaje frío, pero me gustaría saber cuántos reparten en vehículos con refrigeración. Aunque, creo que hay otra cuestión mucho más importante que esta: ¿cuántas tiendas especializadas tienen todos sus productos refrigerados? La respuesta es que muy pocas o casi ninguna. Y esto no es más que una crítica objetiva, que nadie se me enfade, por favor, todo llegará y sé que de momento es muy difícil y, sobre todo, caro.

Llevamos acostumbrados a comprar los packs de cerveza directamente del lineal del súper a temperaturas de calefacción en invierno y de aire acondicionado en verano toda la vida, y no nos ha parecido extraño. Pero aquí quiero matizar, ¿qué cervezas se venden mayormente en los supermercados? Seguro que sabes la respuesta, y te diré que al igual que la leche, producto que viene bastante a cuento ahora mismo, están pasteurizados. La leche fresca, sin embargo, la encuentras en la nevera, junto con los yogures, ¿verdad? Y, ¿a que sabe diferente? Está bien, es una comparación un poco bruta, porque la cerveza lleva alcohol, y lúpulo, que ayudan a su conservación, pero quería introducir lo que explicaré ahora.

No obstante, en tiempos invernales la cerveza no sufre tanto como en verano. Salvo que la calefacción esté a más de 20ºC. Temperatura que, por cierto, no es para nada adecuada en términos de conservación o guarda de la cerveza, pero que es mucho mejor que la que pueden llagar a alcanzar algunas botellas en verano, sobre todo en las ciudades cálidas como Madrid. Pero, a lo que vamos, ¿estoy exagerando? Sabemos que es importante la temperatura de conservación y todo eso, pero, ¿hasta qué punto afecta a la hora del consumo? Jim Koch, fundador de Boston Beer Company, decía lo siguiente:

«Aproximadamente, la velocidad de degradación del sabor se dobla cada 10ºC de aumento en la temperatura. Estamos seriamente preocupados con la frescura porque afecta mucho al sabor de nuestra cerveza. La diferencia entre beberte una Boston Lager de dos o incluso tres semanas y una que tenga cinco meses o más es extremadamente grande. Si el consumidor no tiene sensación de frescura y calidad, puede que no repita.»

Poco a poco nos estamos dando cuenta que la temperatura afecta mucho más de lo que pensábamos en la conservación de la cerveza, por eso cada vez son más tiendas y bares que optan por soluciones de refrigeración. Bien cámaras frigoríficas para los barriles, camisas térmicas como la reciente Beer Sack, en los bares; o bien neveras de varias puertas, en el caso de las tiendas. En EEUU tienen una cultura cervecera muy diferente de la nuestra y allí estas soluciones están mucho más extendidas.

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Nevera de múltiples puertas repleta de cerveza en Phoenix

En España llevamos poco tiempo en este mundo y de momento, la mayoría de consumidores no demanda esto como una primera necesidad a la hora de comprar cerveza. Como todo, no son opciones baratas, sobre todo la de las neveras en tiendas especializadas, pero ya lo decía antes: en las ciudades donde más peso tiene la craft beer, como Madrid o Barcelona, prácticamente la totalidad de distribuidores tiene almacenamiento en frío, algunos también transporte. Marcas como Nomada y Founders (Grupo MSM), ofrecen (y exigen) neveras para almacenar y vender la totalidad de su producto, que ellos mismos distribuyen, y me consta que en Barcelona, la triada EDGEGarageEspiga, también ofrece neveras a sus clientes comerciales para la venta de sus cervezas. Esto es un paso, pero al final no quedará más remedio que poco a poco las tiendas vayan adaptándose, y cuando el cliente se dé cuenta, pasará como con la idea de Tudor, se convertirá en una necesidad.

Un poco aparte de lo anterior, me gustaría puntualizar que hay estilos de cerveza que envejecen mejor que otros, y que incluso muchos de los que nos dedicamos a probar referencias muy a menudo (por no llamarme friki, que lo soy y no tengo problema en decirlo), añejamos un tiempo para disfrutar de la complejidad que pudieran ganar. Hablo de estilos de alta graduación, sobre todo belgas e Imperial Stouts, aunque también pueden ganar las lambics. Creo que no me equivoco mucho si digo que el rango de temperatura para guarda, según la velocidad de evolución que se quiera obtener, y supongo que también de los estilos, debe rondar entre los 10 y 16ºC, y se han de mantener preferiblemente en la oscuridad. No quiero hablar de la luz aquí porque se me va y no acabamos hoy, pero también influye, y no poco…

No sé si ves por donde voy con todo esto, pero al igual que no añejarías una IPA o una Pils, ya que son estilos que cuanto más frescos se consuman mejor, y no ganarán sino que perderán con el tiempo, someter cervezas de este tipo a temperaturas que superen los 10ºC no es más que acelerar ese indeseado envejecimiento. Pero hay un plus a todo lo que he contado si hablamos del estilo de moda de este año, las New England IPAs o NEIPAs, ideadas en esta región de los EEUU en fábricas como The Alchemist o Tree House Brewing. Por experiencia propia y por diversas indagaciones en el mundo cervecero de Madrid, este estilo (no reconocido ni por BJCP ni por la Brewers Association, todo sea dicho) tiene una vida mucho más corta que su progenitora, la clásica West Coast IPA. Tanto es así que en un mes puede haber perdido prácticamente su esencia. Muy posiblemente va a seguir estando buena, pero no tendrá nada que ver con cuando salió de fábrica, o cuando tenía entre una y dos semanas, tiempo que creo que es el justo y necesario para su consumo. Es evidente la rápida evolución de este tipo de cervezas, y no me voy a meter en el berenjenal de decir si esto es bueno, es malo, o es como el yogulado de Los Simpson. Lo que sí voy a decir que nuestro amigo Frío se lleva muy bien con ellas, así que como los separes se pueden enfadar mucho, y tú llevas las de perder.

Como habrás visto, este es un tema que da para mucho. Podría haberlo resumido, o haberme extendido mucho más, pero creo que he hecho bien quedándome con el término medio. Con esto me despido hasta la próxima entrada, que espero que sea pronto ahora que tengo algo de tiempo.

CHEERS!

 

 

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Dando la lata

Dando la lata

He de confesar que no es la primera vez que escribo sobre esto, y probablemente no será la última. Es un tema candente, en evolución, y del que estoy seguro queda mucho que discutir. El uso de la lata como envase para el consumo de cerveza es una realidad, y como toda «novedad», tiene a sus fans y a sus haters.

Me encanta estar cerca del consumidor final de cerveza craft (y serlo yo mismo, obviamente) porque estoy viendo cómo crece el sector cada vez más rápido. Hace unos años, cuando en España se hablaba de cerveza artesana, el público general lo relacionaba con un par de locos haciendo experimentos en un garaje. Hoy ya casi nadie lo piensa… También sea dicho que, como ya he comentado en otras ocasiones, el término «artesanal» o «artesano» referido a la cerveza, no me acaba de convencer, pero esto es otro debate, y solo pretendía situarte un poco en contexto.

A raíz de la cercanía a este público final (generalista y especializado) veo cómo nos planteamos las diferentes cosas unos y otros, y desde luego, da para escribir varios libros. El que está acostumbrado a una lata de cerveza industrial, no asociará nunca, de primeras, este envase a calidad, pues en el lineal del supermercado encuentra este formato mucho más barato que el vidrio. Y el que bebe only craft, ha descubierto en la lata una pequeña revolución.

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Latas en Be Hoppy, Madrid

Dejando de lado el hype que se está viviendo en Estados Unidos con los can releases de marcas como Monkish o Trillium, que son comparables al estreno de un nuevo producto de «los de la manzana mordida», en el país americano ya llevan mucho tiempo empleando este envase. En realidad, son muchas más ventajas las que aporta que inconvenientes. Pero el escepticismo respecto al uso de este envase también existía en EEUU cuando Oskar Blues (de las breweries más grandes del país) empezó a usarlo en 2002. Desde entonces, el enlatado ha ido ganando aceptación, y se han demostrado las virtudes del formato metálico.

A continuación voy a  citar las ventajas de las que hablaba antes, y que Bart Watson, Chief Economist de la Brewers Association, explicó en un artículo allá por 2015:

Comodidad

Por todo el mundo es sabido que una lata pesa menos que una botella de vidrio de la misma capacidad, también que ocupa menos, luego esto significa facilidad y ahorro en el transporte. En un sector con márgenes tan ajustados, esto es una gran noticia para toda la cadena, desde la fábrica hasta el consumidor final. Claro que, esto no es nuevo, y de hecho es por esta razón por la que la Mahou de lata está más barata en el súper, así que esta primera ventaja va a haber que contrastarla. Además también nos ahorra tiempo y dinero en casa, ya que podemos enfriar mucho antes nuestra cerveza, o llevárnosla de camping sin cargar con kilos inútiles de vidrio.

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Almacén con latas apiladas

Frescura

Aquí empieza lo bueno, y una de las verdaderas razones por la que el consumidor final especializado prefiere este envase. Si llevas en el mundillo un tiempo, habrás escuchado en multitud de ocasiones muchas cosas acerca de lo importante que es que algunos estilos se consuman frescos, y que cuando se le pone un año de fecha de consumo preferente a estos estilos no es por otra cosa que por motivos económicos (Best before… que se ponga malo, per favore). Pues bien, el Oxígeno y la exposición a la luz son dos de los peores enemigos de una cerveza; y no es complicado observar que en una lata, el líquido se conserva completamente aislado de estos elementos, cosa que en una botella no ocurre. Por otro lado, esto ayuda a que las birras que nos llegan desde el otro lado del atlántico estén más frescas cuando aterrizan en nuestras tiendas, y oye, se agradece.

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North of London Beer Blog, latas de Magic Rock

Sostenibilidad

Situación utópica: Las latas pesan menos, se consumen menos recursos para su transporte, son 100% reciclables, la huella biológica que dejan es menor, su reciclaje es más sostenible que el del vidrio, en un plazo de 60 días una lata podría volver a estar en una estantería de tu tienda habitual.

Acabo de describir lo que nos venden, y lo que si el mundo funcionara como es debido ocurriría, pero esto es muy difícil de creer, y desafortunadamente no ocurre. No tengo ni que salir de casa para ver cómo se reciclan los envases (que no son ni cartón ni vidrio, que esto también tiene tela) en España. Tenemos la mente demasiado obtusa, y esto es algo muy sencillo que nos deberían enseñar desde niños. El tema del reciclaje en nuestro país, yo es algo que a día de hoy no entiendo, ni creo que nunca consiga entenderlo. Otros países van mucho más avanzados en este aspecto y sí se podría acercar el resultado a la situación utópica, gracias por respetar el Medio Ambiente, de corazón.

Recycling warehouse, big distribution for aluminium cans, and general metals, on the edge of Phnom Penh
Bloques de latas de aluminio compactadas

Las latas de hoy no son las de hace 10 años

Al hilo de la evolución tecnológica, se han ido desarrollando nuevos materiales de fabricación para las latas de bebidas. Hace unos años se empleaba la hojalata o el latón para envasar desde cerveza a cocacola, hoy este material está obsoleto. El aluminio es el protagonista en las latas que se fabrican en este momento. Pero entonces, ¿por qué me sigue sabiendo metálica la Estrella Galicia de lata? Muy sencillo, ¿quieres que hablemos de dinero? A día de hoy se emplean resinas especializadas en el interior de los envases para aislar el metal del líquido, pero claro, no es lo mismo la cerámica de Talavera que la que compras en un bazar oriental. Y si le sumas que te estás bebiendo la cerveza a morro, pues es normal que si tocas el metal con la lengua, la birra te sepa a metal.

La industria del enlatado

Ha crecido en los últimos años, y mucho. Cada vez son más cerveceras las que se pasan a este nuevo formato. En nuestro país ya son bastantes fábricas las que optan por este envase, siendo único o compartido con la botella: Arriaca, Garage, Tibidabo (aunque no se sabe qué pasará con ellos), In Peccatum, SOMA… y los que están por llegar. Esta semana hablaba con el jefe de ventas para España de EDGE Brewing, y le planteaba la pregunta: «No descartamos que en un futuro vayamos a enlatar, pero de momento no tenemos pensado hacerlo, nos funcionan muy bien las botellas». Jofre Pruna me explicaba también que muchas de estas cerveceras que he mencionado más arriba han tenido grandes problemas al principio, ya que no tiene sentido emplear un equipo de fabricación isobárico si luego al enlatar, lo haces en atmosférico. Básicamente, que hasta que se puedan permitir (por espacio y por dinero) una enlatadora isobárica, no se plantean el proyecto. Este tema es muy interesante, y no descarto dedicarle una entrada más adelante.

El consumidor

Diferentes formatos, muy personalizables, empresas que dicen que la abertura acentúa ciertos aromas (aquí sí que me mantengo escéptico). A quién vamos a engañar, están de moda, son bonitas y  muy coleccionables, no hace mucho que estando yo tranquilamente en una tienda, un cliente se llevó dos bolsas llenas de latas vacías, no creo que con botellas lo hubiese hecho… Lo que hablaba al principio, es el hype, y ya no solo en la venta limitada en fábrica que hacen en USA. En el sector cervecero, por los motivos que describo y por acción directa del marketing, la lata se ha convertido en EL FORMATO, sobre todo para los estilos lupulados, aunque no es nada raro encontrarse una Russian Imperial Stout, si no que le pregunten a Alesmith o a los propios Oskar Blues, que se han atrevido hasta con una Barrel Aged. Pero bueno, esto es nuevo y habrá que ver todavía como les afecta el paso del tiempo.

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Con esto acabo, y me gustaría que me plantearais en los comentarios vuestra opinión al respecto. Yo de momento me quedo con la lata para APAs e IPAs, para el resto me sigue convenciendo más la botella.

Cheers!

 

El porqué de los vasos

El porqué de los vasos

Entradas atrás te contaba cositas de los vasos de cerveza, como el flagrante éxito del «Shaker» o pinta americana, también sobre la «genial idea» de servir la cerveza en jarras congeladas; pero no había profundizado en el uso correcto de la cristalería, como han hecho ya en varias web de difusión cervecera. Aun así, quería tenerlo documentado también aquí y, sobre todo, darle una vuelta de tuerca y una visión algo distinta.

A día de hoy existen multitud de tipos de vasos especialmente diseñados para beber el elixir al que llamamos cerveza: tenemos los vasos del súper o de los chinos, los que las marcas encargan especialmente y son caramelitos para los coleccionistas, y finalmente, los que, lleven logotipo o no, son ideales para la cerveza que estemos bebiendo. Pero claro, me dirás, ¿en qué te basas para decidir si son los adecuados o no? Pues fácil, igual que las cervezas que bebemos tienen diferentes cualidades, existen vasos que las potencian, o las echan a perder, simplemente eso. Luego, lo que hay que hacer es sencillamente elegir aquellos que te permitan apreciar esas cualidades, pero ¿cómo? Sin duda, lo primero es conocer un poco la cerveza que te vas a tomar. No hace falta que la hayas probado, solo que tengas una idea de por dónde va o simplemente de qué estilo se trata.

Como decía, son muchos vasos para ponerlos aquí, pero me voy a centrar en los que yo tendría en casa y que son adecuados para la mayoría de cervezas que más se suelen beber en la actualidad:

Vaso Pilsner, ejemplo (Spiegelau)

Pilsner

Para qué nos vamos a engañar, el estilo más consumido a nivel mundial es Pilsner, Pilsen, Pilsener (o cómo se diga en el idioma que quieran los productores). Es un estilo de baja fermentación o lager, son cervezas cuya temperatura de consumo es bastante baja, de una carbonatación media alta y de un color tirando a rubio clarito, pero esto último no es importante para la elección. En la foto podrás ver un ejemplo de vaso para este estilo, y como digo, no es un estándar, solo una opción. Lo que tienes que buscar para este estilo de cerveza es un vaso moderadamente estrecho y que favorezca la liberación del carbónico, eso sí, ten cuidado al servir con la espuma. Estas cervezas no suelen tener aromas muy lupulados y predominan los cereales, que no son muy volátiles, así que no hay que preocuparse por retenerlos. Existe también una variación un poco más ancha del vaso de la foto, que es el vaso para Lager, adecuado también para Ales inglesas, aunque estas últimas tienen su propio vaso en realidad, básicamente ancho y de gran capacidad.

Vaso Weizen, ejemplo (Spiegelau)

Weizen

Además de las típicas Lager, también se beben cantidades ingentes de cervezas de trigo. Las famosas Weissbier (Hefeweizen) o Dunkel Weissbier, rubias, las primeras y más oscuras las segundas. Son estilos en los que empiezan a predominar aromas, sobre todos los ésteres y fenoles que dan lugar al famoso plátano y el rebuscado clavo. De nuevo se trata de un vaso alto pero ligeramente cerrado en la parte superior. La altura se busca también por el tema de la carbonatación y el que se cierre ligeramente es para concentrar los aromas. Son vasos de grandes capacidades, adaptados para las capacidades estándar de 0,5L en las que vienen estas variedades alemanas. Vuelvo a comentar que la foto es de un vaso de ejemplo, porque seguro que ya tienes uno muy similar. Son tan fáciles de encontrar porque la mayoría de marcas conocidas los regalan con packs en las grandes superficies.

Cáliz (Xbrewx)

Cáliz

En los tiempos que corren de revolución del craft (y del lúpulo), los estilos trapenses belgas, tan codiciados hace unas décadas no están demasiado de moda, pero aun así, personalmente, y creo que no estoy solo, los sigo bebiendo de vez en cuando. Si no estás muy metido de lleno en este movimiento, posiblemente sigas comprando tus botellitas en las grandes superficies, porque la verdad, son muy fáciles de encontrar. Y, de hecho, es probable que hayas conseguido un vaso como el de la foto con algún pack. Se trata de una copa o cáliz de boca muy ancha, y tienen su porqué: estos estilos son muy aromáticos y si se concentraran todas las notas no se apreciaría ninguna, además también pecan de carbonatación y este tipo de vaso ayuda a crear una buena capa de espuma sin llegar a ser excesiva como ocurriría en un recipiente más estrecho. Mi consejo es para las Tripel, una copa un poco más estrecha, y para las Quadruppel, una más ancha.

Copa TEKU

Teku

Dejando atrás los vasos típicos, y que son muy fáciles de conseguir incluso con el logotipo de tu marca favorita, paso al invento en cristalería del siglo XXI, la copa TEKU. Es de lo más versátil (y útil, ojo) que te puedes encontrar en cristalería a día de hoy. Se trata de copas muy interesantes para hacer catas, ya que (sin servir hasta el borde como en la foto) permiten concentrar muchos aromas debido al efecto chimenea. Si no te puedes permitir una colección de vasos, creo que esta copa es condición suficiente. Ideal para estilos lupulados y aromáticos como IPAs e IIPAs, pero incluso también para estilos más oscuros como Porters y Stouts no demasiado fuertes, porque para ello existe otro vasito que les va como anillo al dedo. (Vale para todo, para las fuertes también, y aunque no es la más adecuada, no está para nada mal.)

Craft Master One o Spiegelau IPA

Estos dos vasos que te presento ahora (Craft Master One a la izq. y Spiegelau IPA a la dcha.) son un must have para todo hophead que se precie, vale que no son de lo más barato, pero es que están diseñados especialmente para beber IPAs. Estilo, que por otra parte, está triunfando de forma escandalosa a nivel mundial (explicaré el que yo creo el porqué en alguna entrada próximamente). Como iba diciendo, concentran los aromas de los lúpulos de una forma metódicamente estudiada y una vez que llegas a ellos ya no los puedes sacar de tu vida, digamos que SÍ se nota la diferencia, sobre todo si estás acostumbrado al Shaker o incluso al Nonic (pinta inglesa).

Copa Snifter, ejemplo (Stone Brew.)

Snifter

Anteriormente había comentado que existían vasos, o en este caso copas, especiales para los estilos más fuertes. Así es, para un buen petróleo un buen Snifter, no hay más, bueno sí, está el hijo pródigo entre la Tulip y el Snifter (como el de la foto) que a mí, personalmente, me gusta más. Las Imperial Stout son unas cervezas especialmente alcohólicas y con bastante cuerpo; a medida que se van calentando, los matices se incrementan y digamos, que esta copa favorece que los puedas percibir. Por su forma, ancha y redondeada en la base, y más estrecha en la boca, además de un tallo corto, hace muy bien el efecto chimenea. Por otro lado, al cogerla con la mano, envolviendo la base redonda hace que se adecue más rápidamente a la temperatura óptima de consumo, donde los aromas y los sabores se perciben completamente. Creo que si te gustan estos estilos oscuros, deberías hacerte con una, merece bastante la pena. Es posible también, emplear este tipo de copa para las Doble IPAs, pero ahí ya no recomiendo la misma forma de agarrarla.


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Copa Catavinos del MASH (CervexaIndie)

Catavinos

Me voy a contradecir un poco respecto a lo que venía contando al principio, porque esta copa no es ni mucho menos necesaria, pero está muy bien para compartir y es bastante versátil. Además si te gustan los olorosos o los vinos dulces te vendrá genial.

Vaso de Tilquin

Lambic

Por último, quiero aclarar que no he hablado hasta el final de vasos para cervezas tipo Lambic, ya que existen multitud de ellos y no hay un estándar, aunque lo normal sea emplear una copa tipo flauta (como las del cava) o un vaso como el de Gueuze Tilquin, pero en este último caso ya puedes ver que el de tipo pilsner que hablaba al principio es perfectamente equiparable. Las Gueuzes o las Kriek son cervezas bastante gaseosas y por ello volvemos a requerir vasos estrechos. Lo ideal es establecer una relación entre las características de la cerveza a beber y las del vaso, como decía al principio.


Hasta aquí lo que yo tendría en casa (obviando el paréntesis entre líneas, salvo que te encanten esos dos como a mí), y no hay mucho más que contar. Hablar sobre los vasos tipo merchandising que muchas marcas venden y son geniales para regalos, creo que no merece la pena, porque es que además, la mayoría no son nada prácticos. Mírese el ejemplo de Kwak. «No hay más preguntas, Señoría»

Vaso «mamotreto» de Kwak

Y dicho lo cual, me despido.

PRÖST!

Círculo polar ártico, ¡atrás! Aléjate de nuestros vasos

Círculo polar ártico, ¡atrás! Aléjate de nuestros vasos

De esto que llegas a un bar en verano (o en inverno, que hay quien no aprende) y pides «una cerveza bien fría», claro, para degustarla bien, con todos sus aromas, matices, sabores… Un sinfín de cosas que aporta tu bebida preferida, pero espera, alto, ¿qué? Sí, te has equivocado de blog… Si tu ritual es el descrito en las lineas anteriores vamos a tener que hablar tú y yo un rato, pero no temas, no muerdo (¿o sí?).


Cada vez es menos frecuente porque parece que los hosteleros van aprendiendo un poco, de ahí que en un bar especializado en cervezas nunca verás un vaso congelado. No, y hay muchas razones por las que esto no ocurre, pero desde aquí hago un llamamiento a aquellos locales cuyo punto fuerte no sea la birra. Voy a ser bueno, y por hoy no me meteré contigo si bebes Mahou, Ambar o Estrella Galicia (y sí, digo estas 3 porque si bebes otra cosa, entonces sí me meteré contigo, que esto es un blog serio, leñe, y de cerveza, además). Imaginemos entonces que tienen Estrella (soy gallego, no lo puedo evitar, forma parte de mi vida) y te apetece una cerveza fría y refrescante, lo más congelada posible sin que llegue a estar sólida… Pues estás cometiendo muchos errores en ese medio minuto que has tardado en entrar al bar y pensar de esa forma.

 

Lo primero es que la cerveza a la que la mayoría de los españoles están acostumbrados, es de tipo Lager, habitualmente Especial o Pilsen, estilos heredados de Alemania en la mayoría de ocasiones, pero que de su receta original solo conservan los ingredientes, no sus proporciones ni calidades. Como seguramente sabrás, la composición de la birra es: agua, malta de cebada (y/u otro cereal), lúpulo y levadura. Pero también, sobre todo si has probado algo acerca de lo que hablo a menudo en este blog, sabrás que no tienen nada que ver las cantidades, sobre todo de lúpulo, empleadas en la elaboración de una cerveza, digamos, indie (odio mucho lo de «artesana», que más bien sería la mujer que hace la cerveza, o «artesanal»), que en una industrial. Es decir, asumir que es un refresco.

Esto sí es un refresco, y no por la lata

Lo segundo, ya que me parece que me estoy alargando un poco, y quiero ir al grano (Chiste Fácil 0 -1 Pablo), es que no se está acostumbrado a que la cerveza huela bien en nuestro país (o tenga algún aroma), y que, por lo tanto, sepa bien (y no a óxido metálico y/o a DMS). De hecho encontramos muchas veces a eruditos que afirman de nuestra birra que: «eso no es cerveza, además huele a fruta y a cosas, ¡hereje! Con lo que tú bebías antes de Estrella Galicia (esto lo último lo piensa, pero no lo dice)». Y de esto deriva que dé exactamente igual la temperatura de servicio mientras no suba de 4ºC, luego en verano la servimos a 0ºC y ya está. Todos contentos:

–Me la podría traer en una copa congelada.

–Ahora mismo señor. Es costumbre.

¡TODOS LOCOS! No llegaba con pedir la «cerveza» al borde de la solidificación, sino que además le pide (o le trae por defecto, no sé que será mejor) la copa congelada. ¡MAL! Y voy a los diferentes porqués:

  1. Los aromas, sabores y diferentes matices de los que hablábamos antes. Con el excesivo frío se pierden. Un momento, ¿qué matices ni que niños muertos? Vale, bien, esto en las industriales no es problema, pero atento que hay más.
  2. ¿Has olido alguna vez el congelador de un bar? ¿Sí? ¿A que huele a rosas? Pues eso se queda adherido a tu preciada copa haciendo de Guatemala, Guatepeor.
  3. «Camarero, hay una cerveza en mi agua«. Si para refrescarte has pedido cerveza, no querrás que se te agüe tu preciado líquido con otro al que tienes alergia (siento recordarte que la birra contiene agua).
  4. «Espuma, ¿dónde estás?» La baja temperatura impide la creación de espuma, o bien hace que aparezca en exceso.
  5. «Tengo que comer menos, estoy muy hinchado«. Eso, o te has pedido la copa congelada, ha retenido todo el carbónico, y te lo has tragado.

Además, ¿cuánto tiempo dura un vaso frío? Si lo vas a coger con tus manos que estarán a 36ºC, lo que puede aportar una copa congelada es absolutamente negativo. Tampoco serías el primero al que se le rompiera un vaso congelado en una terraza a 40ºC.

¿Soy exagerado? Ni un pelo, pero me gusta dramatizar un poco las cosas, a ver si así entre todos y de diferentes formas, vamos aprendiendo que la cerveza no es un refresco, y que eso que bebe tu amigo que huele a fruta tropical sí es cerveza, no así tu Cruz del Campo.

Esto sí es cerveza

¡Salud! Y a beber buena birra que son dos días, ¡disfruta del verano!

Best before… que se ponga malo, per favore

Best before… que se ponga malo, per favore

Me da mucha rabia este tema, ya sea con los yogures, los paquetes de arroz o la cerveza. Soy consciente de la importancia que tiene para los fabricantes, y sobre todo para el consumidor, pero (y por no repetir el especial de Saber Vivir) como todo hay que saber distinguir entre consumo preferente y fecha de caducidad. Lo digo así claro, para que no haya confusión, pero en realidad si la hay, y mucha…

La fecha de caducidad la vamos a dejar a un lado, porque para el tema birruno, cuando algo está malo se nota, y no creo que nadie se intoxique (hay de todo). Pero voy de lleno con el consumo preferente entonces, y es que a veces las fechas que se indican son «la leche»… ¿La cerveza se puede añejar en botella? Sí, pero aquí hay tema para largo, en otra ocasión lo trataré, lo dejaremos en ejemplares de alto contenido alcoholico y poca presencia del lúpulo. En estos casos la fecha de consumo preferente es un poco simbólica, pues el propio alcohol actúa como conservante, y bueno, hay quien dice que las botellas dejadas en guarda valdrán más pasado el tiempo adecuado (aquí también hay estimaciones de «cada maestrillo con su librillo»), pero como decía no quiero hablar de esto…

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Esto es sinónimo de contaminación o sobrecarbonatación

Sin embargo, de lo que sí quiero hablar es de la volatilidad de las propiedades que aporta el lúpulo a cervezas frescas como IPAs, APAs y demás hophead styles. Como iba diciendo, cuando una birra de esta categoría sale de fábrica tiene unas condiciones que son difíciles de mantener con el tiempo (creo que incluso en lata es complicado). Esto ocurre sobre todo en cervezas que no están pasteurizadas, y se traduce en que a veces llegan cosas a nuestro país que se nota (mucho) que no están frescas… Pero no solo pasa con internacionales, porque aquí también influye mucho si el embotellado ha sido isobárico o atmosférico.

Si eres un poco inquieto le preguntarás al de la tienda cómo están, y si es majo (que suele ser así) te recomendará las que más frescas estén. ¿Por qué ocurre esto? Bueno, el tiempo es el tiempo, y como te pasará a ti también, al avanzar este pues se nota en la calidad de la cerveza. Desaparecen los aromas tropicales, el sabor a lúpulo, el amargor se deteriora… en resumen, la birra se muere.

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Si una birra lupulada no huele a lúpulo, mal asunto

Entonces, volviendo al tema consumo preferente, ¿qué le ponemos a la cerveza en la etiqueta? La definición es que esta fecha indica cuándo un producto empieza a perder sus cualidades físicas como el olor o sabor, pero sigue siendo seguro su consumo. Es decir, olvidamos los petróleos y nos vamos a los zumitos de lúpulo, donde a veces vemos fechas de consumo a 1 año o 2 años vista, y mi pregunta es: ¿si en cinco meses lo que era zumo de mango me sabe a galleta, me lo cambias? Es un tema complicado, porque si los fabricantes pusieran periodos de tiempo más cortos la gente tiraría la cerveza si esta estuviera pasada de fecha, porque como decía al principio, CONFUNDIMOS consumo preferente con caducidad. ¿Cómo se come esto entonces? Digestión pesada, seguro.

Y con todo este rollo, lo que pretendía decir y difundir es que debes tener muy en cuenta qué tipo de cerveza estás comprando y cuánto va a durar en plenas condiciones, y que no te fíes de la fecha de la etiqueta porque hay quien le pone lo mismo a una IPA que a una Imperial Stout… Así que si tienes un bar, o mismo en tu casa, déjate aconsejar, y no te compres una caja de 24 IPAs o APAs a la que no vayas a dar cuenta en menos de un mes (y ya me he ido), porque igual ya lleva otros dos en almacén, y te aseguro que cuando la pruebes no te va a gustar, o al menos no tanto como cuando estaba fresca.

¡Hasta la próxima! Pröst!

¿Cerveza en el desayuno? Pero… ¿qué me estás contando?

¿Cerveza en el desayuno? Pero… ¿qué me estás contando?

Si amigo, cerveza como primera comida del día… ¡Qué vulgaridad!, pensarás, ¿no? Pues los cervezólogos y cervezófilos de Founders no pensaban así cuando hace unos años sacaron al mercado su Breakfast Stout, o eso creo, vamos, pues si no ya me contarás…

Bueno, lo que quiero contar en esta entrada son cositas de estos estilos que ves y piensas: pero… ¿qué coño? Y uno de ellos es este, las stouts de desayuno, llevadas al extremo en el caso de la KBS (Kentucky Breakfast Stout), porque además lleva envejecimiento en barrica de bourbon… vamos, lo que te apetece nada más levantarte un lunes a las 8 de la mañana. ¿Se nos está yendo de las manos entonces? No lo sé, pero la KBS está buenísima, y la Breakfast Stout también, ambas de Founders, y si te pones purista, lo mejor es tomarla en su correspondiente tazón.

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Este es el precioso tazón

Mi teoría es que estos chicos leyeron un día lo de que la cerveza cura la resaca y lo llevaron a la acción de la mejor posible de las formas… Sí, eso es, sin duda.

Otro de los estilos locos que está causando controversia entre los no tan frikis del mundo cervezuno son las birras picantes, sí, has leído bien, picantes. Normalmente en su composición llevan chile o jalapeño, y cuando decía estilo quería decir más bien área, porque te puedes encontrar desde una IPA picante como la de Tempest Brewing.

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Jalapeño IPA con lima & dry hops

La de la foto fue mi primera experiencia con el picante en la cerveza (porque el de las contaminadas no cuenta) y he de decir que me sorprendió mucho, y simplemente eso. Gustar no te sabría decir si me gustó, porque era la primera y ahora mismo no recuerdo si mi opinón se basaba en la contradicción de sabores provocada o que antes me habia tomado alguna otra mucho más rica… Otro ejemplo que sí me gustó mucho es  la Wood Series: Disorder de La Calavera, una Imperial Amber Chilli Whisky Barrel Aged… Cuesta leerlo, ¿no? Pues imagínate decirlo… Un descubrimiento del BeerMad y que secunda Kike de @rincondlabirra

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Disorder. Foto por LuisMo E. en Untappd

Habrá más entradas de este tipo próximamente, pero me gustaría que dejaras un comentario con la opinión que te merecen estos estilos. Estaré encantado de responderte y discutir (o afirmar) un rato contigo.

Nos vemos!

Los IBUs y sus abrigos

Los IBUs y sus abrigos

El que bien me conozca en el mundo cervecero sabe bien de lo que voy a hablar a continuación, y es que desde luego lo que no acabo de entender es por qué no se hace nada al respecto…

Cuando estás empezando con el curioso mundo de la malta y el lúpulo, sobre todo el lúpulo, te explican qué es «eso de los IBUs» que ponen algunas etiquetas. Y claro, tú que te acabas de acabas de bajar del autobús de la cerveza industrial, te crees lo que te dicen, que es la definición (International Bitterness Unit), pero es más, lo aceptas, lo comprendes y le empiezas a ver sentido. Si el responsable de la explicación ha sido un amigo en un bar, incluso luego tú querrás hacer lo mismo con otros amigos que desconocen el término. Sin embargo, si te lo explican en una cata de varios estilos la cosa cambia, y mucho… En el momento que empiezas a catar, pongamos una IPA, dices: «¡oh! 70 IBUs, ¡joer qué amarga!». Pero el siguiente estilo resulta ser una Imperial Stout y entonces ves que pone también 70 IBUs… y exclamas creyendo haber entendido el concepto: «¡leñe! Qué amarga va a ser esta negra, si ya lo decían los del bar cuanto más negra más amarga«. Seguidamente pegas un trago de ese líquido con textura de aceite mineral para motor, poniendo ya como acto reflejo el ceño fruncido y los ojos achinados, pero ¡oh, sorpresa! Te llevas las manos a la cabeza (al menos en sentido figurado) y miras al personaje que te lo haya explicado con cara de decepción supina. Entonces este te responde con un: «ya, es que los IBUs a veces no son lo que parecen, depende del estilo»…

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Aclaración: Entiende que acabo de hacer una dramatización sobre una situación perfectamente imaginable y frecuentemente ocurrida en muchos bares de cerveza artesana (qué poco me gusta el término, prefiero cervexa indie 😉 ). No he querido retratar a ninguna persona concreta, por favor que nadie se sienta identificado particularmente porque no era mi intención personificar este teatrillo.

Llegados a este punto te preguntas, entonces, ¿qué narices son los IBUs? Pues nada, yo te lo cuento sin problema, grosso modo eso sí, porque tampoco es necesario ponerse muy técnico, basta con entender que es una medida habitual en la cerveza que se centra en calcular la concentración de un cierto compuesto denominado isohumulona. Según los que entienden:

Un IBU es una medición empírica, medida en partes por millón de isohumulona -el principal compuesto derivado del lúpulo y que hace que la cerveza sepa amarga-, en un volumen dado de cerveza. La isohumulona se produce cuando los alfa ácidos del lúpulo se isomerizan (disuelven) durante la cocción.

Así que quedamos que los IBUs miden la concentración de lúpulo (aproximadamente) en la cerveza. Pero, ¿de qué está hecha la cerveza? ¿Solamente de agua y lúpulo? La respuesta es obvia… Con esto quiero decir que un camión puede tener los mismos c.v. que un superdeportivo y es evidente que no va a llegar a la misma velocidad máxima, ¿no? Pues lo mismo. Otras relaciones hay en el mundo del automovilismo, más precisas, para medir qué corre más, y lo mismo ocurre en el mundo birrístico.

Voy a ir al grano, esta medida de la que te hablo se denomina proporción BU:GU (Bitterness Unit : Gravity Units). Cuando escribí sobre este tema en el Jardín del Lúpulo, por cierto una entrada mucho más técnica… decía que el primero en introducir esta escala fue Ray Daniels en su libro Designing Great Beers. Venía a contar que una explicación sencilla es que este ratio hace un balance entre el amargor proveniente del lúpulo y el dulzor que aporta la malta. Y para calcularlo se utiliza una ecuación que consiste en dividir los IBUs que tenga la cerveza a analizar, entre su densidad inicial.

Para entender bien esto es necesario tener también una idea sobre las densidades (inicial y final) en una cerveza, y qué significan. He de decir que yo no soy para nada experto en esto así que haré una definición de inexperto:

La densidad se refiere, por decirlo de alguna forma, a la cantidad de azúcares que se suspendidos en la cerveza, y su valor cambia a lo largo de la fermentación debido al trabajo de las levaduras. Tenemos entonces un valor antes de la acción de las mismas, que se denomina inicial, y otro cuando ya se han comido todos los azúcares que podían transformar en alcohol. Estos azúcares salen de las maltas empleadas en la elaboración y con estas medidas lo que se suele calcular es el % ABV (los grados de alcohol).

Haciendo retrospectiva, lo que ocurre principalmente con el masivo empleo de los IBUs, es que no aportan un dato organolépticamente real sobre el amargor en la cerveza. Por eso decía al principio que el que me conozca sabrá que los IBUs me la soplan mucho. Poniéndome comprensivo con los productores de cerveza, es verdad que sabiendo un poco de qué va la birra que te estás tomando, con los IBUs te hagas una idea de cuán amarga va a ser para tu sentido del gusto, pero para alguien que está empezando no aporta más que confusión si no se explica correctamente.

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En una frase diría que los IBUs llevan un abrigo cuyo grosor varía según el estilo de cerveza que estemos probando. Así los rusos y los aristocráticos (imperiales) suelen llevar prendas muy gordas, no tanto los IBUs de a pie, los que no llevan un título, cuyas chaquetas suelen ser más finas.

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Fíjense bien en cómo se ha obtenido el lúpulo para hacer esta cerveza

Curiosidades: La escala de los IBUs es prácticamente infinita, pero el dinero no, y el lúpulo es caro. Además, nosotros los humanos no percibimos grandes diferencias cuando la escala supera la centena. Suerte Mikkeller con su  1000 IBU, hay quien dice que algún dia, cuanto se fusionen con Omnipollo de una vez por todas, cosa que no creo que hagan, estallará la crisis del lúpulo mundial.

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Me he pasado, soy consciente, pero si te ha gustado regálame un like y los comentarios que desees. Salud y buena birra!

Mi paso por las Beer Wars, el intrépido concurso de SoloArtesanas

Mi paso por las Beer Wars, el intrépido concurso de SoloArtesanas

No hace demasiado tiempo que sé distinguir una Porter de una Stout o que sé lo que significa Ale, o Lager (bueno, esto último puede que sí lo supiera), y si ahora tengo una mínima idea de lo que es una buena cerveza, cómo se clasifica y cómo se cata se lo debo a SoloArtesanas. Ya se lo he dicho a ellos personalmente en varias ocasiones, pero es que es verdad, y no es por hacerles la pelota.

A David, uno de los socios, no hace mucho que lo conozco, digamos de forma más cercana . Todo este movimiento de conocer gente ya lo he venido explicando en otras entradas, por eso ahora no voy a seguir por ahí. A lo que voy es que la iniciativa que han tenido estos riojanos (de Logroño, concretamente) merece mi agradecimiento sincero, y seguro que el de muchos otros.

Si no sabes lo que son las Beer Wars (guerra de las cervezas), primero he de confesarte que no es una secuela de Star Wars ni nada por el estilo, aunque seguro que más de uno estaría encantado con algo así… Se trata de una auténtica batalla, o concurso, en términos no metafóricos, en la que se lucha por conseguir el mejor puesto en el frente cervecero. Esto quiere decir que ganará el que más puntos obtenga después de varios asaltos.

Todo esto te puede estar sonando a chino, como me sonó a mí la primera vez, pero te explico… Una vez te suscribes a esta locura, en poco tiempo te llegará una cajita a casa, muy bien empaquetada, con pegatinas azules muy majas, que te advertirán del alto contenido en lúpulo de su contenido y que por tanto, este debe ser tratado con cuidado (y cariño, si se desea, cómo no).

La primera vez que me llegó esta caja a casa, una sonrisa apareció en mi cara sin que pudiera evitarlo, y deseé tener un cutter a mano para abrirla e investigar que me habían enviado.

– ¡Oh! ¡Un posavasos, ah no, dos!

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Posavasos de Beer Warrior (usados)

Ahora tengo una pequeña colección, y algunos indican que me he portado como un auténtico guerrero en el frente cervecero, por sus manchas de líquido reseco (sí, de cerveza, no pienses mal que la tenemos). Pero, obviamente la caja no solo traía posavasos, traía unos buenos birrotes de Drunken Bros. En concreto 6 botellines de los cuales tres se repetían para así tener más oportunidades. Ejemplares de las Cover Series de los vascos que tan bien trabajan el petróleo, quizá les conozcas por eso.

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Hendrix enseñandome lo que es una (Oatmeal) Stout

En ese momento yo todavía no sabía de que iba el asunto, así que consulté el email que había recibido unos días antes explicando que una vez recibiera la munición debería esperar a obtener unas credenciales que me permitirían acceder al frente. Así fue, esperé a las credenciales, y a otro email que indicaba lo que debías hacer:

  • Obtén puntos por catar la cerveza como lo haría su maestro cervecero.
  • Cata mejor que tu archienemigo.
  • Sube fotos a las redes con el hashtag #CataBeerWars
  • Atento a los asaltos sorpresa

Han pasado desde aquella batalla unas cuantas más y todo ha cambiado, no mucho, pero ha cambiado, a mejor diría. Al mismo tiempo que aprendíamos los participantes también ganaban experiencia estos pioneros riojanos en la venta de craft beer por internet y en la organización de estas divertidas batallas.

Me enorgullezco de haber ganado varias veces el premio al Mejor Catador (superando a Rodrigo del Jardín del Lúpulo cuando todavía no nos conocíamos), y alguna otra al Mejor Beer Warrior. Con estos premios conseguías munición doble para el mes siguiente.

Ahora, creo que ha llegado la hora de mi retirada, y por eso esta entrada, para que otros tomen mi lugar. Si no has entendido mucho te lo resumo en pocas palabras: concurso, cata, cerveza, mensual, apúntate y aprende. A mí desde luego me ha traído hasta donde estoy, junto con mi pasión por este mundo cervecero, y creo que ha merecido mucho la pena. Ahí lo dejo.

Esperando a que me llegue la recompensa por mi última victoria como Mejor Beer Warrior me despido, y no descarto volver al frente algún día. ¡PRÖST!

El Club de la Craft Beer

El Club de la Craft Beer

Queriendo homenajear de nuevo a los que lo merecen, hoy es el turno de El Club de la Craft Beer. Gente de mi tierra, Galicia, en concreto de A Coruña. Mi relación con ellos no es muy antigua, porque como he dicho en alguna otra entrada, no llevo mucho introducido en este mundo. Ellos como negocio tampoco llevan demasiado, pero en el asunto de la cerveza, digamos que tienen un poco de experiencia.

Recomendación fugaz e inesperada de mi amigo Aitor el geobirrero, que los descrubrió navegando por la red, mi sorpresa es todavía mayor cuando descubro su lugar de origen (y de principal operación). Tenía que contactar con ellos, y así fue. Por mail al principio, por whatsapp después, y finalmente en persona, cuando estuve de vacaciones por allá estas Navidades.

De momento solo he tenido el placer de hablar con Manu, uno de los responsables. Nunca termina uno de aprender, y las conversaciones con el han sido muy fructíferas. Tienen unos precios muy competivos y hablando un poco del tema entiendes por qué. Puedes descubrirlo escribiéndole, en la web tienen un teléfono para consultas.

Recientemente se han trasladado a unas instalaciones más espaciosas y lo que tienen planeado promete. Además han decidido aventurarse a abrir un tap room en el polígono de El Temple, en A Coruña. Yo les deseo toda la suerte del mundo y espero poder estrenar pronto esos grifos.

Social Beer

Social Beer

En estos tiempos de auge del mundo craft es normal que cada vez más aparezcan nuevos negocios relacionados con la venta de cervezas. Llámalo moda, visión de negocio a corto plazo o inicio de una nueva era en este tema del zumo de cebada aromatizado con lúpulo.

El caso es que escribo esto porque no hace «mucho» que estoy metido en el tema. Hasta hace poco me dedicaba a probar, aprender un poco y no más. Mi inquietud respecto a profundizar aquí surge a partir de empezar a relacionarme más de cerca con la buena gente que se dedica a esto de la birra. Ahí es cuando de verdad entras en esta jerga y te das cuenta que dentro hay muy buena gente. Majos y agradecidos, como ya habrás visto en la entrada dedicada al FoggBar, o a Labirratorium, pero esto no es todo. Redes sociales: principal fuente para conocer gente nueva en este ámbito. Y si no son las informáticas, las otras «redes sociales» son incluso mejores. El boca a boca, el que te vayan presentado a personajes importantes del mundillo, o no tanto, pero ves que siempre tienen algo que aportar.

En base a lo que venía diciendo, poco antes de final de año surgió una pequeña gran iniciativa en Twitter propuesta por muchos y llevada a la práctica por el crack Markus Beer. El amigo pudo juntar a unos cuantos que nos interesamos y crearse un grupo de Whatsapp con tipos como yo, sencillos, que escribimos (o intentamos), y sobre todo, que nos encanta disfrutar de una buena cerveza.

Así he conocido un poco más a birreros de Madrid, donde resido, pero también a unos cuantos andaluces muy metidos en el ajo, algún extremeño, catalanes muy conocedores de lo que se traen entre manos y a un murciano más que majo. Muchos temas de actualidad se tratan en el grupo, interesantes como la importación de lúpulos americanos, o como la cerveza que estoy tomando ahora cuya foto podrás ver en Untappd, o incluso Facebook si me animo.

Dicho esto, no tengo nada más que añadir… Bueno sí, me gustaría agraddecer a toda esta gente sus pequeñas aportaciones al mundo craft y a aumentar mis conocimientos.

Nos vemos, CHEERS!